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La violencia la hace el monstruo (Ensayo)

  • Foto del escritor: candespann
    candespann
  • 8 sept 2017
  • 4 min de lectura

Actualizado: 20 jul 2020


En muchos momentos del día podemos escuchar y ver cómo la violencia* se encuentra a nuestro alrededor. Aunque más importante que el hecho en sí es por qué tomamos tan natural cada uno de estos sucesos. En uno de los ámbitos en el que más se hace visible es en el tránsito. ¿Por qué apenas el semáforo cambia a luz amarilla ya se escuchan las bocinas? Técnicamente lo que se busca allí es tener el auto preparado para arrancar en la luz verde. Sin embargo, por más que esto se sepa casi en forma universal, no se cumple. Los autos ya comienzan a andar con la luz en amarillo, como si de la roja directamente pasara a la verde, sin ningún intermediario. El problema no sería solamente que se infrinjan las leyes, tampoco es por falta de estudio (ya que es necesario estudiar las señales y demás para obtener el registro de conducir), el objetivo se centra en la falta de respeto, inseguridad y violencia con la que convivimos a diario.

Es increíble como esta situación de violencia vial se reduce al visitar otras provincias de nuestro país: el llamado “interior”. Uno puede encontrarse, por ejemplo, en San Luis, Mendoza y demás y se respeta al peatón, se espera a la luz verde para comenzar a circular, si alguien no arranca el auto apenas la luz verde aparece no se lo insulta ni se escuchan bocinas.

Sí, parece algo utópico, pero a pocos kilómetros de nuestro caos hay gente que “vive de otra manera”. ¿Por qué no podemos alcanzar esa realidad? Siempre ponemos como excusa nuestras preocupaciones, o el conocidísimo estrés; pero aseguro que los mendocinos lo padecen de igual forma. Entonces es un gran interrogante qué es lo que nos lleva a parecer monstruos en las calles. Un aspecto muy importante es el vínculo de esta violencia con la de género. Escuchamos a diario las descalificaciones por parte de los hombres hacia las mujeres, y es algo inentendible que en el siglo por el que transcurrimos se siga pensando que para lo único que la mujer “sirve” es para lavar los platos.

Es para algunas personas automático el ver cómo alguien está, por ejemplo, estacionando erróneamente e inmediatamente se crea la imagen mental de que esa persona encargada de la mala maniobra es una mujer. Aunque relacionar a la misma con el descuido o con la infracción es una paradoja, ya siempre se la vinculó con la meticulosidad, con el ser precavida y responsable, para todos los órdenes de la vida. Otro ejemplo de abuso es cómo los conductores de autos de alta gama transgreden las normas. Pareciera que creen que por tener un mejor auto son los dueños de la calle, y que nunca nada les fuera a pasar. No solamente ellos son el problema, sino que también hacen al mismo los que los ven y piensan “claro, con ese auto yo también iría a esa velocidad”, como signo de admiración; cuando lo que en ese caso se debiera hacer es pensar en la tragedia que podría provocar.

Aquí en la Ciudad de Buenos Aires lo que abunda es la falta de respeto al peatón. Esto tomado desde el punto del derecho a cruzar, ni hablemos de que lo dejen pasar si no hay semáforo. Cuántas veces sucede que el mismo indica que el transeúnte tiene paso y de repente pasa una moto en rojo y lo atropella… ¿Con qué necesidad pasar a velocidad con un semáforo que indica parar? ¿cuánto tiempo toma esperar a que sea tu turno? Es algo que nos expone a un riesgo innecesario.

Las motos, parece que circulan tan libremente que se olvidan de pedir permiso, de que existen las señales de tránsito y de los peatones. Otro ejemplo de violencia “encubierta” es la que se ve en los colectivos. No solamente los colectiveros pasan los semáforos en rojo, sino que lo que más importa es la gente que está adentro de ellos. El conductor no piensa en sus pasajeros, tampoco a la hora de darse cuenta de que ya no entran más personas y no se decide a completar su recorrido sin parar en algunas de sus paradas. Viajando así las personas como “ganado”. Al hablar de los colectivos también es importante destacar el hecho de que muchas veces los colectiveros deciden parar a varios metros de sus paradas, lo que genera una incomodidad absoluta, ya sea para subir o bajar. Ni que hablar para las personas que padecen una discapacidad o para los adultos mayores. Además, lo que sucede en este ámbito es que los pasajeros que se encuentran sentados, a la hora de tener que brindarle el asiento (por obligación moral) a alguien que realmente lo necesita, se hacen los dormidos, o distraídos. También es otra forma de violencia el llevar a cabo una persecución para cobrar venganza por una provocación. Ya sea por un insulto o por algún gesto obsceno y demás.

* “Acción violenta o contra el natural modo de proceder.” Según el diccionario de la Real Academia Española. CONCLUSIÓN

Luego de tantos aspectos y ejemplos, debemos darnos cuenta de que es fundamental cambiar nuestra forma de dirigirnos a los demás, respetar al otro. Tener en cuenta que podemos esperar unos segundos más a que cambie el semáforo para evitar así tragedias y accidentes. Que la equivocación de una persona al volante no hace que valga la pena el perseguirlo y remarcarle su error, o hasta amenazarlo. No debemos continuar con los prejuicios de género ni denigrar a la otra persona por un fallo, ya que muchas veces no tenemos en cuenta el peso y el valor de la palabra. Ese insulto puede “marcar” al otro de por vida.

Es una locura poner en peligro la integridad física de las personas, causando lesiones físicas por haber chocado otro automóvil o por una discusión en la calle, entre muchas otras cosas. Hay que pensar que uno también puede tener un descuido y que no le parecería agradable llegar al punto de perder su vida por ese error. La violencia es algo que día a día podemos reparar. Eso sí, claramente de a poco. Comenzando, por ejemplo, por esperar unos instantes a que el que se encuentra adelante arranque, o no insultarlo. Porque puede ser que tuviera un inconveniente con su vehículo. Tratemos de no cegarnos por el odio y la ira, porque de esa forma nunca alcanzaremos la felicidad y la estabilidad social.

 
 
 

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