Una aventura filosófica, el éxito de Merlí (Crítica)
- candespann

- 29 mar 2018
- 3 min de lectura
Actualizado: 20 jul 2020
Esta serie está en boca de todos desde hace ya tiempo cuando en 2015 llegó su primera temporada, y lo hizo para quedarse. No solo en la oralidad de la opinión pública sino en sus corazones. Ya se afirma que fue la producción con mayor cantidad de espectadores en la cadena catalana TV3, dueña de sus derechos hasta 2016, cuando Netflix decidió comprárselos debido a su éxito.
Esta apuesta desarrollada en tres temporadas cuenta cómo Merlí Bergeron (Francesc Orella, actor que encarna el personaje) un profesor de filosofía con una personalidad arrolladora, logra inculcarles a sus alumnos ideas relacionadas con la libertad y la importancia de hacerse escuchar. En cada clase habla sobre un filósofo y, justamente, con el nombre de ese se titula el capítulo. Todos estos elegidos de acuerdo a situaciones de la cotidaneidad del protagonista, es decir, sin seguir al pie de la letra el plan de estudios.
Realmente es maravilloso el personaje Merlí, ya que logra jugar durante toda la serie con la ambiguedad, con el sentir de los espectadores, que casi siempre lo aman y otras veces lo desconocen totalmente. Es una persona que no quiere ninguna atadura ni responsabilidad, pero curiosamente es docente, que es un nómade amoroso por naturaleza, pero poco a poco todo esto se ve comprometido por su propia profesión y por el poder del destino.
El reparto es excelente, las actuaciones realmente son muy buenas. Los actores logran algo que pocas veces se ha logrado: llega un punto en el que al ver lo que a sus personajes les sucede y su forma de accionar, sus carácteres, éxitos y fracasos; logran incluirse en nuestro propio día a día. Pensar que en tal o cual situación que estamos viviendo, equis personaje haría tal cosa u otra, por ejemplo. Eso es algo que excede cualquier objetivo a la hora de producirla, es un logro mayor que lo material, es incluso, más que el cariño de la gente y la aceptación, es dejar una huella.
En cuanto a los personajes, se puede distinguir que cada uno es protagonista y que cada historia del mismo se da a conocer y conforma algo fundamental para la serie. El desarrollo de cada personaje siempre repercute en otro, y así todos los peripatéticos (discípulos de Merlí/estudiantes) como los nombró este excéntrico profesor, son clave en esta aventura de vida, que como cualquiera inicia y no quiere tener un fin.
Algo muy importante para objetar es que fue una aberración que la segunda temporada haya sido completa en lenguaje catalán. Es entendible (y hasta cierto punto) que lo sea en la cadena de televisión catalana, pero no en Netflix, cuyo público lo excede millones de veces. Los subtítulos son incómodos porque el lenguaje es muy rápido y se pierden muchas cosas importantes al estar leyendo en vez de mirar lo que sucede.
El trabajo del guionista (Héctor Lozano) quien también fue el creador de esta serie, fue excelente, en cuanto al manejo de la ironía, las indirectas y otros recursos que utiliza Merlí, la impronta y el carácter de Carmina (madre del protagonista) la ira de Bruno (hijo del protagonista) la extroversion de Oliver, entre otras cosas que hablan de un gran trabajo realizado. También y, por sobre todo, en la producción (Televisió de Catalunya) y dirección (Eduard Cortés)
Muchos temas relevantes son tratados, tales como el bullying, la diversidad sexual, el acoso, la maternidad joven, la drogadicción, rebeldía adolescente, la exclusión de la Iglesia a la comunidad gay, la agorafobia, la corrupción política, entre tantos otros que día a día conviven en nuestra sociedad y que en esta serie tienen un enfoque interesante, debido a que la filosofía se encarga de buscar respuestas a preguntas casi imposibles de contestar. Y con la influencia de grandes filósofos y de Merlí se verán tratadas estas premisas para seguir aprendiendo de esta disciplina que se muestra como el corazón de este entrañable docente.
Las temporadas se pasan volando porque por vez es imposible mirar un solo episodio, así que hay que pensar, desgraciadamente, en que todo termina. Pero que esta producción ha dejado un público que la adora, es indudable. Será por esto que el último episodio, titulado “Merlí Bergeron” fue emitido en una proyección en el Teatro Nacional de Cataluña, que recibió a 800 personas, entre ellas, 240 fanáticos que lograron ganarse un lugar en el evento. Sin dudas recomiendo en un 100% que veas esta serie, no es por decir pero está en el primer lugar de mis favoritas. Sé que estas pensando en darle play al link, pero antes acordate que tenes que tener un snack a mano, así que volá a buscarte unas gomitas y sentate a ver esta serie que se vino con todas.













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