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La moda del consumo responsable (Investigación)

  • Foto del escritor: candespann
    candespann
  • 20 sept 2018
  • 30 min de lectura

Actualizado: 20 jul 2020


Moda sustentable en Buenos Aires

Introducción

¿Cuántas veces apenas se rasgó un jean y se lo tiró a la basura? O cuando por algún producto este se mancha, o cuando directamente se desecha porque ya queda chico. Bueno, sin saberlo, en ese preciso momento, se está contaminando el medioambiente. Pero no hay que entrar tanto en pánico, hay países donde ya se implementan técnicas para que el impacto de la contaminación sea menor a nivel mundial. Ojo, esto no quiere decir que hay que prescindir de la conciencia, pero tampoco acumular ropa que, en general, categorizamos como “inservible” en los guardarropas. Este último es el concepto erróneo, no hay ropa inservible.

Gracias a técnicas como el recycling y el upcycling es posible que una prenda vieja, rota y fea se convierta en el vestido perfecto.

Los conceptos de cada técnica se desarrollarán luego, ya que serán el puntapié inicial para comentar que hay un centro de capacitación llamado Espacio Buenos Aires que se especializa en varias disciplinas y que brindó un taller gratuito sobre una de estas (el upcycling)

Se dará cuenta del desarrollo y la creación de prendas 100% originales y sostenibles (como filosofía del diseño) Por otra parte, se incluirá una entrevista a Jessica Pullo, diseñadora de moda sustentable, dueña de la marca Biótico, totalmente sostenible y creadora de prendas con objetos cotidianos, tales como sachets de leche, bolsas, entre otras cosas.

Conceptos básicos: moda rápida

La moda sustentable representa uno de los aspectos más sofisticados del lifestyle ecológico. Cada vez más empresas y diseñadores se preocupan por crear prendas que no contaminen el medioambiente y respeten el trabajo de quien las confecciona. Lo más dañino es la llamada “moda rápida” que se lleva a cabo en las sociedades expertas en consumismo y ansiosas por comprar, usar y tirar. Este último concepto es muy importante.

Hubo una época en la que existían solamente dos temporadas en la moda: primavera/verano y otoño/invierno. A partir de 2014 aparecieron 52 microtemporadas al año, lo que significa que se debe estar preparado para cada una de ellas. De acuerdo a esto, el objetivo de la moda rápida es que los consumidores compren el máximo de ropa posible en un mínimo de tiempo.

Como explicó huffingtonpost.com, sitio especializado en varias temáticas, “de acuerdo con Elizabeth Cline (autora del libro Moda desechable: El escandaloso costo de la ropa barata), los productos de la moda rápida normalmente tienen precios más bajos que sus competidores, actuando según un modelo de empresa de baja calidad y elevado volumen.”

Otro significativo dato es que, muchas de las veces en las que una mujer se ve tentada de comprar vestidos repletos de cuentas y lentejuelas, no se da cuenta de que ese trabajo fabuloso es el resultado de explotación laboral y que esta generalmente involucra a los niños.

De esto habla Lucy Siegle (periodista y escritora británica bajo la temática de cuestiones medioambientales) en su último libro de investigación: To Die For: Is Fashion Wearing Out the World? (Para morirse. ¿La moda está vistiendo al planeta?)

Ha demostrado que millones de personas que trabajan en casa están ocultas en algunas de las regiones más pobres del mundo, "encorvados, cosiendo y bordando el contenido de los armarios del mundo... en chabolas de una sola habitación en la que viven familias completas." Muchas veces, estos trabajadores deben acudir a sus niños (quienes poseen manos más pequeñas, por lo que presentan precisión) para coser y adornar con mayor rapidez la ropa que luego se comprará en forma masiva.

Relacionado a esto, la precariedad laboral en esta industria es alarmante. Aquí un fragmento que habla sobre eso, del sitio Público, de España: “El 24 de abril de 2013 el derrumbe del edificio Rana Plaza en un distrito de la capital bangladesí de Daca marcó un antes y un después para la moda textil, con la muerte de 1.134 personas, y puso en el ojo del huracán las condiciones de miseria de los trabajadores que fabrican la ropa que llega a nuestras ciudades. A partir de ese colapso, la sociedad civil comenzó a preguntarse cuánto vale realmente en vidas y en salarios la prenda que adquirimos a un precio irrisorio. La campaña ‘Ropa Limpia’ llevada a cabo por la federación SETEM calculaba que, para una prenda con un precio de 29 euros, la mayor parte se la lleva la venta al por menor (59% del total) y apenas quedan 0,18 céntimos para pagar a las trabajadoras que fabrican la ropa (0,6%). En su informe ‘Salarios Dignos’, SETEM concluye que ninguna de las 50 empresas líderes del sector paga salarios dignos a los trabajadores en las fábricas de producción.”

Zara fue pionera en el concepto de la moda rápida: Amancio Ortega, dueño y creador de la marca, en 1975 la fundó, estableciendo un local a la calle en el que si la demanda era en ese momento de 100 unidades, esta hacía 80, asegurándose de que la clientela se encuentre cada vez más sujeta al error psicológico humano de la escasez, que se basa en que los seres humanos tienden a valorar más lo que creen escaso, y que de esta forma los clientes se apresuran a comprar lo antes posible los atuendos para no quedarse sin ninguna pieza.

Fotografía del sitio: donde-esta.org

Casi toda la ropa que se lleva puesta está elaborada a base de cuatro materiales: algodón, lana, seda o fibras sintéticas. El primero, es una fibra textil vegetal que crece alrededor de las semillas de la planta del algodón, un arbusto originario de las regiones tropicales y subtropicales. Hay diferentes especies autóctonas en América, África y la India. La lana es una fibra natural que se obtiene de los caprinos (cabra y, principalmente, ovejas), y de otros animales como llamas, alpacas, guanacos, vicuñas o conejos, mediante un proceso denominado esquila. Por otra parte, la seda es una fibra natural formada por proteínas. Aunque es producida por varios grupos de animales artrópodos, como las arañas y varios tipos de insectos, en la actualidad sólo la seda producida por las larvas de la mariposa Bombyx mori se emplea en la fabricación industrial textil.

Los tres primeros materiales nombrados se obtienen de forma natural, y el cuarto es un derivado del petróleo (las fibras sintéticas). Pero, independientemente del origen del material, la fabricación de indumentaria es un proceso que supone prácticas que pueden perjudicar el medioambiente, por ejemplo: la producción de tintes, los recubrimientos, el blanqueo y la mercerización. En el caso de estas fibras tales como el nylon, el perlé o la lycra, su fabricación tiene un efecto en la atmósfera, ya que son el resultado de procesos químicos complejos derivados de la extracción y el tratamiento del petróleo. Además, fabricarlas en exceso contribuye al agotamiento de este recurso. Esto último, igualmente, no quiere decir que el algodón, la lana y la seda no contaminen. Por el contrario, lo hacen y mucho. Para a esto darle un tinte más formal, en algunas áreas, el algodón ha ocasionado una grave devastación ecológica.

Ecowatch (sitio de noticias ambientales de prestigio) menciona a Uzbekistán como el sexto principal productor de algodón, donde el riego de las plantaciones ha causado que se agoten los recursos de agua del Mar Aral y el subsecuente fracaso de la industria pesquera en la región. En apenas 50 años, el nivel del agua en el Mar Aral ha disminuido hasta menos del 10%, en comparación con su nivel anterior, a causa de fertilizantes y pesticidas.

De esto surge la importancia de reutilizar la ropa a la que ya no se le de uso o que haya dejado de ser útil en el armario. Hacerlo supone un menor impacto medioambiental, ya que, además de evitar procesos industriales complejos, también contribuye al ahorro de agua y energía, y a una menor producción de residuos.

Ya explicados los orígenes de las materias primas de la industria textil, se puede adentrar en el terreno de las cifras. El algodón utiliza cerca del 25% de los insecticidas que se consumen en el mundo y más del 10% de los pesticidas. La lana provocó en la Patagonia argentina la desertificación en el 93% de las tierras en las que se producía lana, causando que la Argentina ya no sea productora importante en el mercado. Este material también contamina las aguas: el químico que se usa para evitar parásitos en las ovejas es nocivo para el medioambiente. En 1995 hubo un derrame accidental, de tan solo una cucharada, del químico llamado pyrethroid cypermethrin, que mató a 1.200 peces del río donde fue vertido. La industria de la lana también daña a otras especies que considera como plagas: los canguros son considerados una plaga, y los dueños de las tierras de cultivo para alimentar a las ovejas pueden eliminarlos sin temor a las repercusiones. Es más, en Estados Unidos se masacran coyotes por esta misma razón. La seda, último eslabón de esta enumeración de materiales cuyo origen es natural, sí se encarga de proteger el medioambiente ya que, por ejemplo, este tipo de tejidos se limpian en seco, por lo que no se vierten detergentes químicos al agua al lavarlos.

Otro importante dato es que el descrudado de la lana con agua genera un efluente (término empleado para nombrar a las aguas servidas con desechos sólidos, líquidos o gaseosos que son emitidos por viviendas y/o industrias) con un elevado contenido de materia orgánica y cantidades variables de micro-contaminantes debido a los plaguicidas aplicados al ovino.

Los plaguicidas más comunes son los organofosforados (OP), los piretroides sintéticos (SP) y los insecticidas reguladores del crecimiento (IGR). Todavía se encuentran plaguicidas organoclorados (OC) en la lana de algunos países productores. Esto según el sitio Wiki EOI (exponente de documentación docente de la Escuela de Organización Industrial)

Hasta el año pasado, en Estados Unidos se desechaban unos 12,8 millones de toneladas de productos textiles al año, lo que da como resultado un promedio de 40 kilos por persona, según estima la Environmental Protection Agency de Estados Unidos y nombra una publicación especializada en medioambiente del medio online Yale 360.

Fotografía de: Pensemos Verde

A partir de este monstruo que es la moda rápida, surgieron diseñadoras como Eileen Fisher (una de las abanderadas en la causa de la sostenibilidad de la industria textil) que crearon moda sostenible y sustentable. Estos términos a veces se utilizan como sinónimos aunque son distintos: la moda sostenible, también llamada "moda ética" o "slow fashion", es una parte de la creciente filosofía del diseño y tendencia de la sostenibilidad, cuyo objetivo es crear un sistema que pueda ser apoyado indefinidamente en términos de ambientalismo y responsabilidad social; mientras que según Ethical Fashion Forum “la sustentabilidad se trata de balancear necesidades diferentes e incluso contrarias con la consciencia de los problemas medioambientales y sociales que enfrentamos como sociedad”. Dado lo anterior, la sustentabilidad es un concepto que toca a todas las industrias, y la moda claramente no es la excepción. Así, el mismo organismo ha definido la moda sustentable como aquella que maximiza los beneficios de las personas y minimiza el impacto en el medioambiente.

A modo de ejemplo, se necesitan hasta 200 toneladas de agua para fabricar una tonelada de tela según datos del Consejo de Defensa de Recursos Naturales (NRDC por sus siglas en inglés) Ecologistas de todo el mundo y también algunas marcas de ropa han comenzado a tomar medidas para reducir el impacto negativo que la producción textil tiene sobre el medio ambiente.

Fisher comentó que el 70% del algodón que utiliza para la confección de su ropa es orgánico, a la vez que su empresa tiene su propio programa de reciclaje, incentivando a sus clientes a través de descuentos a que entreguen la ropa que ya no usan, la que es reutilizada por la compañía. Según afirma la propia diseñadora “la industria textil es la segunda más contaminante del mundo, solo superada por la del petróleo.”

Aquí algunas de las fotos de su colección eco-friendly.

Una de las iniciativas de los ecologistas contemporáneos es la de la Sustainable Apparel Coalition, una alianza formada por distribuidores, marcas y organizaciones sin fines de lucro que se organizó para medir y reducir este el impacto ambiental. A raíz de este nuevo movimiento, se comienza a hablar sobre, por ejemplo, la huella hídrica, concepto que ayuda a comprender la cantidad de agua necesaria para producir un producto: Arjen Y. Hoekstra, su creador, señala que para fabricar una polera de algodón se necesitan 2 mil 700 litros de agua, y para unos zapatos de cuero, unos 16 mil 600 litros por kilogramo de este material.

A partir de ese trabajo de la alianza previamente nombrada, se desarrollan los conceptos de recycling y upcycling en moda (ambas formas que ayudan al medio ambiente y que lo hacen en forma creativa y económica) El último, es un término que combina dos conceptos: el “recycling” (reciclar) y el “up” (mejorar lo que ya se tiene) Esta idea consiste en aprovechar materiales reciclables para crear productos que tienen un mayor valor que el que tenía el material original.

Surgimiento del upcycling

Esta tendencia surgió en Alemania, en los años '90. Como toda disciplina del área de la moda, se fue reinventando y cada vez ganando más terreno. Es así que se hizo presente en la Semana de la Moda en San Pablo, que se realizó en marzo de 2017. Allí la marca brasileña À La Garçonne presentó diseños únicos bajo el término de moda sostenible y utilizando el upcycling como técnica. Luego de esto, no solo por un tema de cercanía sino también porque se está convirtiendo tendencia, apareció en la Argentina.

Es moneda corriente que se confundan las técnicas del recycling y el upcycling, por lo que es necesario aclarar que la gran diferencia consiste en que el primer término implica el aprovechamiento de desperdicios y materiales en desuso para crear una nueva prenda; mientras que el segundo, es un tipo de reciclaje en el cual se toman deshechos, pero con ellos se realizan objetos (en este caso prendas) de mayor calidad.

Por ejemplo, si se compra una botella de agua de plástico en un supermercado, es normal que cuando se acaba el contenido se vuelva a llenar para seguir utilizándola en varias ocasiones. En este caso, la botella será reutilizada, y de algún modo, también se estará reciclando. El propósito no cambia, y el valor de la botella seguirá siendo el mismo. Pero, si uno se decide a transformarla en algo innovador, diferente, creativo y de un uso superior, la botella será reciclada y utilizada para otros propósitos, añadiéndole valor. Hacer upcycling significa ser creativo y pensar en nuevas formas de reutilizar las cosas, en lugar de comprar compulsivamente… Lo contrario de la cultura de consumo.

Aparición de nuevas compañías

A partir de esta nueva filosofía del diseño, surgieron en nuestro país empresas de moda dedicadas al “consumismo medido” a través de la técnica de la reutilización de telas, un ejemplo de estas es Biótico, que en su página web se presenta como “Proyecto Biótico” un emprendimiento de indumentaria de autor sustentable que fusiona diseño, arte y moda, plantea un nuevo paradigma en la producción de indumentaria y accesorios; capacita y emplea poblaciones vulnerables, revaloriza los desechos urbanos y textiles, transformándolos en materia prima para producir su colección.

Esta compañía se plantea el compromiso de generar un impacto positivo en la sociedad. Desde el 2016 trabaja junto al taller ALPAD (Asociación Laboral Para Adultos con Discapacidad Intelectual) en la producción de los textiles reciclados que luego son utilizados para desarrollar las prendas de art couture (arte de alta costura) Según Biótico también, su producto final demuestra que materiales y personas que muchas veces son excluidos del sistema laboral, pueden formar parte de la cadena de producción de prendas de primera categoría, si se les da la oportunidad.

“En Biótico tenemos un compromiso ambiental que se expresa de dos maneras. En primer lugar, todas nuestras prendas están hechas por completo con material reciclado o recuperado. Algunos vienen de descartes generados en la producción textil de los más destacados diseñadores de Buenos Aires, lo cual garantiza textiles de alta calidad para cada una de las prendas. Otros vienen de descartes urbanos y domésticos tales como sachets de leche, paquetes de papas fritas o bolsas plásticas. Así revalorizamos los desechos transformándolos en materia prima y textiles para nuestras colecciones.

En segundo lugar, Biótico actúa como una plataforma de concientización sobre problemáticas ambientales, dando charlas y entrevistas en eventos, televisión, radio, eventos, revistas y noticias. Además, damos talleres de textiles reciclados, compartiendo nuestras técnicas con niños, adolescentes y adultos.”

La creadora de este proyecto de consumo sustentable es Jessica Pullo, diseñadora de modas argentina, quien anunció “Me identifico con el upcycling, las claves son crear productos prolijos y elegir los descartes que abunden.” Y esto sería más fácil si en nuestro país hubiera contenedores donde se depositen las prendas aptas para ser customizadas (ser modificadas a partir de gustos personales) o regaladas a gente que realmente las necesite. Esta última opción es clave porque no se llevaría a cabo a tan gran escala el fenómeno de la moda rápida, ya que, en vez de desecharse rápidamente, sería reutilizada. Esto se ve claramente en el ejemplo de Hong Kong, donde hay más de 190 contenedores de ropa para reciclaje, aunque según el Ministerio de Medio Ambiente de ese país, y más de 253 toneladas de ropa son tiradas a la basura cada día.

En una investigación hecha en Bogotá, se estimó que diariamente se desechan entre 360 y 600 toneladas de ropa usada, en ese país. Otro caso emblemático lo constituyen los datos que entregan las autoridades estadounidenses, quienes sostuvieron que solamente en la ciudad de Nueva York se arrojan anualmente 193 mil toneladas de ropa a la basura. Incluso, se calcula que en todo el territorio norteamericano se dona solamente el 15% de la ropa utilizada por consumidores. El resto, 10,5 millones de toneladas anuales va a parar a rellenos sanitarios, lo que otorga al residuo textil una de las tasas de reciclaje más bajas en comparación con cualquier otro material reutilizable en los Estados Unidos. Todos estos datos sostienen la idea de que es importante donar la ropa que no se utiliza, para que más gente la pueda aprovechar y para que no contamine siendo desechada.

Pero, como esto no sucede y la idea no es informar con lo que no se lleva a cabo, la mejor opción es el customizar, realizar recycling y upcycling. Relacionado a esto, Pullo declaró: “Mi esperanza es que la moda sostenible se convierta en la norma, porque como el transporte o la alimentación, es algo de consumo masivo, por lo que pienso que, si no cambiamos nuestros hábitos de producción y consumo, el planeta va a colapsar y vamos a dejar de existir como habitantes del planeta tierra.”

Se creó en 2018 también la Asociación Moda Sostenible, fundada por la diseñadora Alejandra Gougy. AMSOAR comenta en su sitio web “El motivo para la creación de la asociación es generar una red de contención para diseñadores, marcas, emprendedores, artesanos, productores y proveedores cuyos proyectos se encuentren en concordancia con el paradigma de la sostenibilidad. Al mismo tiempo, se busca generar mayor conciencia entre el público general a través del conocimiento y la difusión de proyectos, talleres, seminarios, charlas y eventos que propongan acciones y reflexiones desde los valores sobre los cuales se basa la sostenibilidad.”

Muchas otras empresas de diseño sustentable surgieron, tales como Koshkil que presenta prendas realizadas con lana de la Patagonia que contienen la suavidad del merino extra fine orgánico. La lana que utiliza está certificada por la Organización Internacional Agropecuaria. La empresa estudia la trazabilidad en toda la cadena de valor, desde las ovejas hasta los clientes.

Otra es Carola Cornejo, que crea diseños de impronta definida, basados en el respeto a la mujer, la naturaleza y el ambiente. Por eso sus prendas recorren los contornos de mujeres “reales” (concepto que actualmente puede ser criticado porque acaso ¿hay cuerpos irreales? En cierta forma se piensa que estos son los que se muestran en publicidades y en medios, pero hay gente muy real allí, entonces ¿los cuerpos irreales son los más flacos?) reciclando telas, prendas e hilados, para la confección de accesorios y detalles que definen a Mujeres Originales.

Más que una simple tendencia, un boom

En relación con todo lo previamente explicado, otro dato que da cuenta de que el upcycling se está convirtiendo en un boom en la Argentina, es que se crean cada vez más talleres en los que se enseña esta técnica, un claro ejemplo de esto es el brindado por Espacio Buenos Aires, un centro integral de capacitación creativa en Moda, Diseño, Fotografía y Business. Este taller se llamó “Upcycling denim”, se dictó el 17 de mayo de 2018 y su entrada fue gratuita. De acuerdo a la organización en sí, cómo surgió la idea de crear este taller y demás cosas, Dolores Barilari (encargada de la comunicación de EBA) contó que: “El taller surgió como una idea nuestra. Como tenemos 25 años de trayectoria, en formación en moda y diseño, desde hace un tiempo nos venimos preguntando ¿cuáles son las últimas tendencias? ¿Cuáles son los valores? ¿Dónde educar, dónde informar sobre todas estas áreas? Lo sustentable es de las mejores posibilidades, siendo la moda la segunda industria más contaminante del planeta. (...) Este 22 de abril, que fue el Día de la Tierra, dijimos ‘bueno, ¿cómo lo vamos a celebrar?’ Y entonces ahí se nos ocurrió hacer una colecta e invitar a todos nuestros alumnos y la comunidad (profesores, alumnos) que trajeran jeans en desuso y alguna que otra tela, o avíos para juntar; y brindar entonces un taller gratuito.”

En el curso participaron más de quince personas y la profesora a cargo fue Laura Zacharczuk. Entre quienes asistieron, Carlos, Nélida y Lais dieron cuenta de qué estaban haciendo en el taller y cuáles son las claves de la customización. El primero, de unos 25 años, comentó “Estoy estudiando marketing de moda, que es tratar de entender un poco al consumidor y crear un puente de comunicación entre él y la marca. En este momento estoy aquí reciclando unas zapatillas con tela como denim y otros materiales que tenía en casa. La idea es tener creatividad, justamente, en la clase de marketing nos hablan mucho de que el mercado está mutando hacia esta tendencia de la sustentabilidad. Entonces, es importante conocer de qué se trata y cómo se puede usar para relacionar lo ecológico con los negocios.” Y en cuanto a los factores más importantes a la hora de realizar upcycling (customizar) expresó: “Las claves para hacer esto son tener paciencia y creatividad. Es un trabajo para sentarse y decir ‘bueno, me voy a poner a hacer esto’ y comenzar a buscar referencias y participar de talleres como este, que te enseñen técnicas e ideas para que lo artesanal se vuelva más lindo.”

Nélida, una señora de aproximadamente 65 años, dijo “Estoy haciendo unas pantuflas, aprovechando restos de otras telas. Yo creo que en esto no solo es importante el hecho de reciclar sino también la vocación, porque… yo además de abuela soy psicóloga y creo que el reciclado es una filosofía de vida integradora de aprovechar y transformar lo que, de alguna manera, para otro puede ser basura o desechable y convertirlo en algo útil. Que creo que es muy bueno para la mente, para la economía y la familia porque a veces uno aprovecha cosas que eran de la abuela o de algún otro ser querido y lo sigue viendo vivo.” Una visión interesante porque relaciona esta técnica con lo afectivo.

De acuerdo al segundo aspecto, que tiene que ver con las claves de la customización, ella expresa: “Creo que la clave es estar abierto a la creatividad y a vincularse con otros. Porque hay cosas que, a mí que no soy experta en nada que tenga que ver con las manualidades, me parecieron encantadoras, como la propuesta de la profesora. Y bueno… una compañera me prestó una cosa, otra me dio una idea. Me estoy animando, a ver qué me sale y después evaluar qué es lo que tengo que corregir.” Aquí vuelve a aparecer la creatividad, y es claro que para cualquier técnica de moda es necesario ser innovador, porque lo ya inventado lo fue en su momento.

Lais, una joven de aproximadamente 25 años, por otra parte, comentó: “Soy de Venezuela. Estoy estudiando aquí diseño de indumentaria y me llamó mucho la atención la tendencia del reciclaje y también el denim. Eso me llamó mucho la atención. Entonces, justo ayer vi la propuesta y dije ‘obviamente tengo que ir’ y aquí estoy. Otra técnica que me interesa es la del patchwork: el arte de unir restos de diferentes colores y tamaños utilizando a la vez diferentes técnicas para unirlos y crear lindas prendas.” En cuanto a las claves de la customización: “En clase nos han dicho que no se puede hacer costura sustentable, que eso es muy difícil de llegar a hacer. Pero yo creo que con la fabricación a mano y la cosa de juntar textiles que ya estén descartados por otras personas, se pueden llegar a generar cosas nuevas y así customizar.”

La profesora de este taller de upcycling, Laura Zacharczuk, contó cómo surgió la idea de realizarlo: “La idea del curso es fomentar el reciclado del daño que causa el denim. La moda es, después del petróleo, lo que más contamina. Sinceramente creo que tenemos un consumo sin consciencia y desechamos la ropa sin tener ni el décimo del uso que tendría que tener. Cuando desechamos la ropa, siempre está en buen estado. Entonces, al menos, podríamos darle una nueva vida, intervenirla con algo personal, algunos detalles, es lindo; aparte uno se siente bien porque está trabajando en lo que luego va a usar.” Las claves según ella son “Primeramente, ponerle a la ropa lo que a uno le gusta porque, como hoy les decía a los chicos, si solamente cortamos y pegamos, después no nos gusta. Segundo, pensar en a qué queremos llegar. Por último, darle nuestros detalles: ponerle color, movimiento, colgar, abrochar, pegar, etc.”

Como se pudo dar cuenta, el público que asistió al taller fue muy variado: desde una abuela/psicóloga hasta estudiantes de carreras relacionadas con la moda. De esto habla Barilari: “En realidad, esto nos sorprendió y fue bienvenido, de hecho. Porque en general trabajamos con cierto público, porque es muy específica nuestra área, que es el diseño, la moda; ya ahí dentro de estas disciplinas hay un perfil bastante marcado: generalmente femenino, no necesariamente en todos los casos, y también hay un target de edad con el que venimos trabajando, porque se da de manera natural así. Y en este caso, como era abierto y lo publicamos en todos nuestros medios de siempre… Se abrió a ese público y comenzaron a participar las mamás, por ejemplo. En algunos casos, nos cuentan que está participando de tal curso la mamá de tal alumna. A nosotros eso nos sorprende para bien, claro.”

A todos estos datos brindados, se le agrega la aparición de una carrera universitaria llamada Diseño de moda sustentable, que se puede cursar en la Escuela Argentina de Moda, situada en Florida 656, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Capital Federal. Según EAMODA, al finalizar su estudio, se le entrega al egresado un diploma de formación profesional.

Pueden ser elegidos dos planes: el A con un título de Diseñador de moda sustentable, y el B que es el de Diseñador y técnico de moda sustentable. Según la web de EAMODA, las metas de esta especialización son: “Aprender todo el sistema de moda ética, responsabilidad con el medio ambiente, comercio justo y un sistema de moda sostenible, es decir, que se pueda mantener comercialmente con el tiempo. Aprenderás técnicas textiles para realizar un diseño diferenciado. Lograr tener ‘una marca de moda’, acorde a tu impronta y estética sustentable. Se verán desde los estilos vintage hasta la alta costura. Se verán las diferentes materias primas como sus etiquetas de composición. Comprender el sistema moda desde un pensamiento global buscando soluciones morales y éticas. Replantear nuestros modelos de bienestar, incrementar la participación de los usuarios y volver la mirada hacia la naturaleza. Comprender el rol del diseñador en el siglo XXI, lo que supone proponer escenarios de vida sostenible más que limitarse únicamente a diseñar productos.”

Estudios realizados sobre contaminación

Según The Guardian (periódico británico) la necesidad de tinturar los textiles provocó que, en lugares como Indonesia, cientos de fábricas de esta industria desechen sustancias tóxicas en las orillas del río Citarum, uno de más contaminados del mundo. En el agua residual de la tintura se han encontrado más de 72 elementos tóxicos de los cuales 30 no pueden ser removidos.

Relacionado a esto, Ademoroti y colaboradores en el año 1992 realizaron un estudio de las descargas de efluentes textiles (término empleado para nombrar a las aguas servidas con desechos sólidos, líquidos o gaseosos que son emitidos por viviendas y/o industrias, generalmente a los cursos de agua, según el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, CONICET) en Nigeria y encontraron que el blanqueado, el calentamiento y el teñido son tres de los procesos que tienen el mayor consumo de agua. Además, se encontró que, al ser arrojado un pigmento al agua, esta cambia por completo, tiñéndose del color de la sustancia, pero viéndose en forma más disuelta.

Según el sitio Eluniversal.mx (sitio de ciencia) se realizó otro estudio, este en la Ciudad de México: “Expertos de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) analizaron el agua de ríos cercanos a la capital mexiquense y demostraron que el tinte empleado por la industria textil es uno de los componentes que más contamina el recurso hídrico, así como el más desechado por las empresas.

La investigadora Gabriela Roa Morales indicó que, durante cinco años, un grupo de especialistas de la Facultad de Química de la UAEM realizó pruebas para depurar agua contaminada, con una efectividad de hasta 95%, para que pueda ser utilizada en las zonas rurales y de riego.”

Los siguientes estudios son los más conocidos a nivel mundial y tienen mucha importancia, estos son: Pollution Prevention Studies in the Textile Wet Processing Industry y Optimization of Pollution Levels of Wastewater from Textile Processes.

De acuerdo al primero, el objetivo fue investigar las oportunidades de prevención de la contaminación en la industria de procesos húmedos textiles. Estos últimos son técnicas de transferencia de masa y energía en las que el principal medio de transporte es el agua, que en la mayor parte de los casos está en estado líquido, pero también puede estar en estado vapor.

Todo proceso húmedo es seguido de una operación de secado, es decir, de otra transferencia de masa y energía en la que el principal medio de transporte es el aire. Los flujos de energía están determinados por el flujo el medio de transporte y por el movimiento del textil. Las cantidades de agua necesarias para los procesos húmedos textiles son muy altas. En general el consumo va de 10 a 50 litros por kg de material textil. (Estos últimos datos son de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República de Montevideo, Uruguay)

Esta industria utiliza enormes cantidades de agua, energía y químicos. Las auditorias de prevención de la contaminación fueron conducidas a cuatro compañías textiles, la cuales se encontraban localizadas en el estado de Virginia (Estados Unidos); ellas incluían una lavandería de lavado suave y denim, una planta de procesamiento de hilo de fibra de vidrio, una planta de tinturado y estampado de fibras de algodón, y una planta de tinturado y acabado de hilo de nylon. Cada compañía fue visitada varias veces.

Se obtuvo información sobre las operaciones, consumo de agua, energía y químicos por medio de entrevistas al personal. Se obtuvo la información sobre características de aguas residuales, aplicaciones de permiso, tratamiento de agua y registros de disposición a través de los registros de la planta. Se analizaron las muestras de aguas residuales de varias operaciones, determinando DQO (demanda química de oxígeno, es un parámetro que mide la cantidad de sustancias susceptibles de ser oxidadas por medios químicos que hay disueltas o en suspensión en una muestra líquida) color, TSS (síndrome del choque tóxico, trastorno poco frecuente provocado por una toxina bacteriana) pH (medida de acidez o alcalinidad que indica la cantidad de iones de hidrógeno presentes en una solución o sustancia) y temperatura. También se midieron concentraciones de cobre, zinc y cromo.

Este estudio fue preparado por Ilse Hendrickx y Gregory D. Boardman del Department of Civil and Environmental Engineering en Virginia Polytechnic Institute and State University, Blacksburg en 1995, ubicado en Estados Unidos.

De acuerdo al segundo estudio, recientemente se está contemplando de manera racional y metódica, la utilización y el reciclaje del agua para los procesos productivos textiles, fundamentalmente por los siguientes motivos:

- Prevención ante una escasez futura de agua

- Enormes presiones medioambientales en el ámbito jurídico y legislativo

- Aumento del costo del agua

- Existencia de tratamientos terciarios de depuración más eficientes, que aseguran una mejor calidad del agua para su reutilización y reciclaje.

A la vista de adoptar soluciones rápidas y viables, así como del interés mostrado por numerosas empresas textiles, surge la necesidad de elaborar este proyecto, cuyo objetivo es llevar a cabo una investigación sobre el grado de depuración que es necesario alcanzar para poder reutilizar las aguas residuales textiles en los distintos procesos productivos.

Este documento es un reporte preparado por el Instituto Tecnológico Textil AITEX (Alcoy, España).

Por otra parte, un nuevo estudio de Greenpeace ha encontrado residuos de varias sustancias químicas peligrosas en ropa fabricada por 20 marcas internacionales de moda. Las sustancias detectadas incluían altos niveles de ftalatos tóxicos (sustancias compuestas por nafta) en cuatro de los productos y aminas cancerígenas procedentes del uso de colorantes azoicos (compuestos que utilizan ácidos y sales) en otros dos. Muchos pigmentos azo no son tóxicos, aunque algunos, como dinitroanilina naranja, orto-nitroanilina, pigmento naranja 1, 2 y 5 se ha encontrado que resultan ser mutagénicos (se denomina mutagénesis a la producción de mutaciones sobre ADN) ​Del mismo modo, varios estudios de casos han vinculado pigmentos azo con el carcinoma (tipo de cáncer) de células basales.

También se encontraron nonilfenoles etoxilados (NPE) en 89 de las 141 prendas analizadas, lo que muestra poca diferencia en cuanto a los resultados de la investigación realizada por Greenpeace en 2011 sobre la presencia de estas sustancias en prendas deportivas. Además, se descubrieron muchos tipos distintos de sustancias químicas industriales peligrosas o potencialmente nocivas en varios de los productos analizados. (Todo esto desarrollado en el artículo llamado “Puntadas tóxicas: El oscuro secreto de la moda” realizado también por GreenPeace.)

“En abril de 2012, Greenpeace adquirió 141 prendas de ropa de 20 marcas líderes en distribuidores autorizados de 27 países. Se compró una variedad de prendas de hombre, mujer y niños, entre las que había vaqueros, camisetas, pantalones, vestidos o ropa interior. Según sus etiquetas, los productos se habían fabricado en al menos 18 países, aunque se desconocía el origen de 25 prendas. El conocimiento del país de producción es importante para establecer la cadena de custodia de la contaminación tóxica.

Los productos se precintaron inmediatamente después de la compra, en la tienda en la que se adquirieron o tras su recepción en el caso de la compra on-line, y se enviaron a los laboratorios de investigación de Greenpeace en la Universidad de Éxeter (Reino Unido). También se enviaron a laboratorios independientes acreditados para su análisis.

Se comprobó la concentración de NPE (sustancias intrínsecamente peligrosas, por eso cualquier uso de ftalatos o colorantes azoicos que puedan liberar aminas cancerígenas es totalmente inaceptable) en todas las muestras y se buscó en las prendas que habían sido teñidas, la presencia de aminas cancerígenas, liberadas por ciertos colorantes azoicos utilizados para teñir el tejido. En las 31 prendas que contaban con impresiones en plastisol, también se buscaron ésteres de ftalato (conocidos habitualmente como ftalatos). Además, se sometió a 63 productos a un análisis químico cualitativo más amplio para identificar la presencia, en la medida de lo posible, de cualquier otra sustancia química peligrosa en ellos.”

Es importante aclarar que, en la actualidad, según el sitio ANDICOLOR que se especializa en serigrafía digital y textil, el plastisol y los ftalatos poseen mala reputación ya que previo al trabajo del Acta de Mejoramiento de la Seguridad del Producto para el Consumidor (CPISIA, por sus siglas en inglés) estos compuestos poseían materiales como el plomo y demás componentes muy riesgosos para el medioambiente (esto porque no estaban curados) Hoy en día, con los requisitos del acta previamente nombrada, estos ya se encuentran libres de plomo y de PVC, por lo que muchos expertos los consideran como opciones sustentables.

Algunos de los resultados de este estudio de GreenPeace fueron:

• Las marcas de ropa cuyas muestras contenían las mayores concentraciones de NPE –por encima de 1.000 ppm– fueron C&A (una muestra) y Mango (tres muestras), Levi’s (dos muestras), Calvin Klein (una muestra), Zara (una muestra), Metersbonwe (dos muestras), Jack & Jones (una muestra) y Marks & Spencer (una muestra).

Se analizaron 31 artículos con imágenes, logotipos y/o textos impresos en plastisol, en busca de varios ftalatos en el tejido impreso.

• Se detectaron ftalatos en el total de las 31 muestras de tela con impresiones en plastisol. Se hallaron concentraciones muy altas en cuatro de las muestras, a niveles de hasta el 37,6 % en peso, lo que indica su uso deliberado como plastificante. De estas cuatro prendas, dos habían sido fabricadas para Tommy Hilfiger (37,6 % y 20 %), otra para Armani (23,3 %) y la última para Victoria’s Secret (0,52 %).

Las aminas se utilizan en la fabricación de colorantes azoicos y pueden liberarse luego, cuando éstos se degradan químicamente. La amina encontrada en las muestras, la llamada o-dianisidina, es cancerígena y ha sido clasificada como “posiblemente carcinógena para humanos.” Los niveles encontrados en estas muestras estaban por debajo de los más estrictos de estos límites normativos, pero cualquier presencia detectable de este compuesto debe preocupar por sus propiedades peligrosas intrínsecas.

• Se detectaron aminas en dos de los 134 artículos, por encima del límite de detección de 5 ppm; ambos productos habían sido fabricados en Pakistán para Zara, y vendidos en El Líbano y Hungría.

En cuanto a resultados químicos en sí, se destacó:

• Las sustancias químicas halladas con mayor frecuencia fueron los alcanos, con una o más de estas sustancias encontradas en 59 de las 63 prendas analizadas; algunas clases de alcanos pueden tener efectos toxicológicos, aunque son biodegradables.

• El bencil benzoato fue el segundo compuesto más habitualmente identificado, en 12 artículos; aunque es también una sustancia fácilmente biodegradable, utilizada en algunas formulaciones de tintes, ha sido clasificada como tóxica para la vida acuática con efectos muy duraderos.

Frente a esta situación que compromete no solo a las industrias contaminantes sino al medioambiente y así al planeta, Greenpeace lanzó una campaña llamada “Detox”: “La dispersión de sustancias químicas peligrosas de nuestra ropa en los sistemas de aguas –durante su fabricación y tras su venta– solo puede resolverse mediante la eliminación rápida y clara de su uso durante la producción. Tras la campaña Detox de Greenpeace en 2011, varias marcas de moda y ropa deportiva aceptaron el reto y se comprometieron individualmente a alcanzar el vertido cero de sustancias peligrosas para el 1 de enero de 2020. Seis de estas marcas –las deportivas Puma, Nike, Adidas y Li-Ning, y las de moda H&M y C&A– colaboran ahora en el desarrollo posterior y la implementación tanto de sus planes individuales como de uno colectivo para alcanzar el vertido cero de sustancias químicas peligrosas, que establecen los pasos que pretenden dar para cumplir sus compromisos. Con esta ‘hoja de ruta conjunta’ que han creado estas marcas invitan a otros a participar en este esfuerzo. Lamentablemente el plan no ha establecido hasta ahora fechas y plazos claves para alcanzar la eliminación total de los usos de sustancias químicas peligrosas muy utilizadas. Tampoco establece un compromiso claro de concretar puntos de cumplimiento como la publicación en sus webs de los vertidos de sustancias químicas peligrosas de las fábricas.”

Fotografía de: Mujer y punto

Lo positivo de esto no solamente es la causa sino también que participaron marcas como, por ejemplo, H&M, que es la que más “moda rápida” fabrica. Por lo que gracias a estas marcas se puede ver que es posible realizar un cambio de mentalidad. Porque es obvio que si realizan este reto grandes empresas, es porque seguirán ganando millones de dólares vendiendo ropa, pero lo harán cada vez más en forma sustentable. El objetivo utópico que se debería asignar es llegar a ser marcas sostenibles (no en un 100%, pero en su mayoría) Así más empresas de la talla de H&M podrían ponerse la camisera de la sustentabilidad y lograr que esta industria pase de ser la que más contamina junto con el petróleo a ser la que más cuida el medioambiente.

Nata Preziosi, personal shopper (compradora personal), makeup artist (maquilladora), estilista, conductora de radio argentina y creadora de una marca de productos naturales para el cabello y la piel, llamada Uniq Postitivo, comentó sobre la contaminación y la moda sustentable: “Dejando de lado los términos de moda, a veces nosotros le damos esa nota de color que hace que más llame la atención. si eso sirve para generar conciencia, sobre todo en los jóvenes en general, genial. Como mujer de 30 años y dueña de una marca de cosméticos hecha con plásticos reciclados, productos naturales artesanales y de origen vegetal, mi opinión es sencilla: al hacer ropa de consumo masivo, la cantidad de desechos industriales y químicos para confeccionar las prendas, hacen que se perjudique el medioambiente y no estamos entrando en detalles gigantes como el trabajo insalubre, falta de controles etc.

Cuando reciclás y hacés algo artesanal podés lograr una calidad extrema y superior. Podés lograr, en el caso de la indumentaria, diseños únicos totalmente sustentables y originales. Esto no solo te ayudará a verte linda sino también saber que colaboraste con el medioambiente, el trabajo digno. Y también, tener en cuenta algo tan lindo como verte envuelta en un montón de colores y texturas, que te dan mucha energía. Porque todo lo que se renueva se trasmuta, energiza y se vuelve positivo.”

En marzo del corriente año, la revista líder en innovación social, Compromiso Empresarial comentó que a nivel europeo, y según el informe Liberación de contaminantes al medio ambiente del sector industrial europeo, que se basa en los datos disponibles más recientes (2015) incluidos en el Registro Europeo de Liberación y Transferencia de Contaminantes (E-PRTR): la mitad de las instalaciones responsables de la mayor parte de la contaminación del agua y del aire se ubicaban en cuatro países: Reino Unido (14 plantas), Alemania (7), Francia (5) y Polonia (5). Los últimos datos reportados por las empresas de la UE también indican que las plantas de tratamiento de aguas residuales fueron las responsables de la mayoría de las liberaciones al entorno acuático de nitrógeno, fósforo y carbono orgánico total. Las instalaciones más contaminantes de este tipo se ubicaban en Reino Unido, Francia y España.

Medios de comunicación y la moda sustentable en la Argentina

La difusión de este tipo de moda del consumismo medido, haciendo un breve análisis, fue escasa en este país. Pocas notas fueron publicadas en forma online en los grandes medios masivos de comunicación argentinos (Clarín, La Nación, diarios como El Cronista, etc) Lo que también se pudo observar es que no hubo una continuidad en la publicación, es decir, en 2010 se llevó a cabo un programa llamado Recurso Natural, emitido por TV Pública, en el que se dedicó una emisión completa a la moda sustentable, más que nada relacionada con el proyecto Mbya Guaraní que, como detalló la Federación por la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas (FAPI) “El objetivo de esta iniciativa es facilitar la revitalización de la cultura del Pueblo Mbya Guaraní y sus compromisos tradicionales de gestión, uso y control de los recursos naturales de forma que fortalezcan sus capacidades de liderazgo en la mejora de la gobernanza de la tierra y recursos naturales en el contexto de la seguridad alimentaria.”

Video del programa sobre el proyecto Mbya Guaraní

Luego de esto, recién en 2012 se publicó una nota en Clarín, después otra en La Nación en 2013. Desde ese momento y hasta 2017 los medios se desentendieron por completo de este fenómeno, que como se detalló en el resto del trabajo, es más que importante. Luego de cuatro años de silencio, La Nación publicó otra nota y en lo que lleva el 2018 ya varias notas han sido publicadas, por lo que puede ser el año en el que más tratamiento, la moda rápida, tenga.

En cuanto al tratamiento del tema en los medios masivos, en forma detallada, en 2012 el Diario Clarín publicó en su sección Ecología, con título “Moda sustentable, una alternativa positiva a la hora de vestirse” la cual enumera ciertos beneficios de utilizar moda sustentable:

  • “Es buena para la Tierra, ya que proviene de cultivos sin pesticidas ni tóxicos.

  • Es buena para las personas. Se preocupa por el comercio justo.

  • Es buena para los animales. La moda sustentable utiliza los productos animales, pero de una manera consciente y libre de crueldad y, en algunos casos, incluso se evita el uso de productos de origen animal.

  • Es más duradera. Se hace con calidad para que dure más y se necesite comprar menos prendas con menor frecuencia.” Entre otros.

En 2013, La Nación publicó una nota en la que se exponen algunas de las marcas de origen nacional sustentables, que se nombraron anteriormente en este trabajo, tales como Chunchino Eco-Bebé, Mariela Calvé, etc.

Recién en abril de 2017, La Nación publicó otro post en el que habla sobre upcycling y, además, comenta una entrevista realizada por el mismo medio a la diseñadora británica Carry Somers, emprendedora social, activista de la moda y fundadora del movimiento global Fashion Revolution.

Una nota publicada por El cronista, en marzo de 2018, comenta un nuevo proyecto muy importante que se llevará a cabo: “Proyecto Seda, impulsado por el INTI y con financiamiento europeo, busca difundir el cultivo sustentable del gusano de seda como actividad artesanal para 50 pequeños emprendimientos familiares en las provincias de Buenos Aires y La Pampa.”

La revista Elle, del diario Clarín, también este marzo publicó una nota sobre la moda sustentable, allí recomienda dos documentales sobre el tema. Una buena opción porque “todo entra por los ojos”, ¿no? Si esa es una de las formas de concientizar ¡bienvenida sea! “Machines (2016) En este film, el director Rahul Jain se mete en el laberinto de una fábrica textil en India y sumerge al espectador en su funcionamiento. Con recursos narrativos simples pero efectivos (silencios, sonido ambiente, recortes de diálogos e imágenes crudas) hace visible un mundo invisibilizado de trabajadores exhaustos que cumplen jornadas imposibles en condiciones nefastas. Un relato crudo pero necesario que plantea más preguntas que respuestas.

The True Cost (2015) Hace años que Livia Firth y Lucy Siegle –productoras ejecutivas de este documental- se dedican a difundir buenas prácticas para el medio ambiente y el consumo ético. Con el objetivo de llegar a mucha más gente con su mensaje, realizaron The True Cost. El documental revela cuál es la historia que se esconde detrás de ese pantalón baratísimo que se parece al que nos enamoró en el desfile de Gucci. Si querés saber cómo, dónde y quién fabrica tu ropa, no podés dejar de verlo (está en Netflix)” Así describe la revista de moda argentina los documentales que recomienda.

Como en toda área, esta tendencia debe comenzar a hacerse cada vez más visible para poder captar más público que la adopte como estilo de vida, pero para llegar a eso, es necesario un trabajo de los medios de comunicación masiva en el que esto “le llegue” a más personas y, así pase de ser tendencia a algo cotidiano que perdure en el tiempo, además concientice que un mundo sin moda rápida o con escasez del fenómeno atraerá bienestar y salud.

 
 
 

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